Quedando tan poco tiempo para un evento como este, creo que es un buen momento para hablar de él y compartirlo con vosotros, de hecho, si después de leer esto he conseguido despertar vuestro interés (tal y como espero), podéis apuntaros a una experiencia increíble comprando las entradas en este link (donde podéis además consultar mucha más información) y ver algunas cosas interesantes de la primera edición en la página de Facebook.

Creo que alguna vez ya os había comentado en estos últimos años mi gusto por el Steampunk había crecido exponencialmente, por una parte por mi gusto por la literatura y los autores que rondan los siglos XVIII y XIX y porque, reconozcámoslo, es una época visualmente preciosa. El hecho de poder “inventar” cualquier artilugio que sea similar a algo que tengamos hoy en día, pero con la tecnología existente dos siglos atrás, me parece uno de los entretenimientos más divertidos para una tarde de ciclogénesis como las que nos regala la naturaleza últimamente.

Lo cierto es que el año pasado fue una experiencia muy satisfactoria por dos motivos, el primero, que gracias a la señorita Lovelace y al caballero DiFerro, que fueron los promotores de este evento, pudimos compartir una velada con un montón de personas a las que les gusta lo mismo que a nosotras, de edades distintas y vidas distintas, pero con una afición común que nos hizo disfrutar de una tarde maravillosa. Por otro, porque fue la primera vez que nos embarcamos en el proceso de creación de dos vestidos de noche y de época, lo que nos llevó a la creación de Hilo de Plata, algo a lo que llevábamos mucho tiempo dando vueltas y que al final se convirtió en realidad. Y así, aguja en mano y con mucha paciencia, nos pusimos manos a la obra, no sólo con nuestras galas, sino con el sombrero que preparamos como premio para el sorteo del baile. En este caso, nos decidimos por un motivo marítimo, aunque casi todo el mundo confundió finalmente el pulpo de la parte superior con una araña…. U_U

La verdad es que nos hizo mucha ilusión crear este par de piezas y el resultado fue mucho mejor de lo que esperábamos, tanto el proceso de creación, porque la pequeña del equipo jamás había cosido algo encorsetado y tuvo que pelearse de lo lindo con las ballenas de su modelito, pero el resultado fue realmente excepcional diría yo. Durante muchos años hemos hecho muchos trajes para infinidad de eventos y ocasiones (casi buscamos cualquier excusa para vestirnos de algo), pero esta vez lo hicimos con mucha más ilusión que otras veces, supongo que porque lo organizaba una amiga y puso tanto mimo en hacerlo que queríamos estar a la altura de las circunstancias. Así que terminamos los vestidos, el suyo con inspiración en un modelo de Galliano y el mío, con clara inspiración en los modelos de María Antonieta, de hecho, con la tela de mi vestido podría haber tapizado casi por entero una de sus habitaciones en Versalles.

Y además, pasó algo mágico en esta velada, aunque no os lo creáis, a mis 38 años, fui Reina del Baile…. increíble, lo sé. Y cuando os cuente cómo, os vais a partir de risa. Casi al final de la velada, se suponía que se recogerían todas las votaciones para elegir el Rey y la Reina del baile y, cuando llegó el momento, como estaba ya muerta con los zapatos, me quedé al fondo del salón, mientras todo el mundo se apelotonaba en la parte de delante para oír el veredicto final. Así que me descalcé y me metí una brocheta de frutas en la boca, porque además había cenado bastante poco (lo malo de ser vegetariana en un buffet) y allá me dispuse a intentar sentarme con el pedazo de can-can que llevaba cuando veo que todo el mundo está girado mirando para mí. “Se me ha roto el vestido y se me ve el culo o algo así”– pensé. Pero no, la señorita Irwen estaba gritando mi nombre, “Comtesse Simone du Châtelet“!!!!. La cara de tonta que puse debió ser de lo más cómico, porque mi cerebro tardó en procesar la información un rato que a mí me pareció infinito, pero que seguramente no fueron más de veinte segundos, porque me encontré andando como un pato, descalza y con la boca llena de fruta fresca hacia un montón de gente que me miraba y aplaudía. La sensación fue increíble, os lo aseguro, lo de ser Reina del baile parece una tontería, pero que te pase cerca de los cuarenta, sienta realmente bien. Y, de esa guisa intenté bailar el tango de los reyes del baile, pero gracias al universo sólo hay un trozo grabado, quien realmente lo bordó fueron los organizadores, que nos dieron a todos una lección de baile con su “Tango de la muerte”. Debería agradecer únicamente al Rey del Baile que intentase que nuestra actuación fuese algo más digno de lo que habría sido sin su ayuda, porque realmente, el tango no es lo mío, y con semejante vestimenta, todavía menos ^__^

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Fue una de las fiestas más divertidas en las que he estado en los últimos tiempos, así que, chicos, en serio, si tenéis un retazo de alma Verniana en vuestro interior, no lo dudéis, sacad vuestras galas, poneos vuestras máscaras y….. a bailar!!!!

 

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