Hay una maravillosa historia japonesa (con la que me viene a la mente aquella preciosa y triste película de Kitano, llamada Dolls) que habla de la predestinación entre personas que están unidas de una manera especial, esas personas nacen con un hilo rojo que las conecta y que no puede romperse, independientemente de cuándo y cómo se conozcan o cuanto tiempo pasen juntos. Otras leyendas cuentan que ese hilo es atado por un anciano que sale cada noche y que lo coloca en aquellas personas que están destinadas a conocerse, pero a mí, la que más me gusta es esta (sacada de la wikipedia, que está muy bien resumida):

Hace mucho tiempo, un emperador se enteró de que en una de las provincias de su reino vivía una bruja muy poderosa, quien tenía la capacidad de poder ver el hilo rojo del destino y la mandó traer ante su presencia. Cuando la bruja llegó, el emperador le ordenó que buscara el otro extremo del hilo que llevaba atado al meñique y lo llevara ante la que sería su esposa. La bruja accedió a esta petición y comenzó a seguir y seguir el hilo. Esta búsqueda los llevó hasta un mercado, en donde una pobre campesina con una bebé en los brazos ofrecía sus productos. Al llegar hasta donde estaba esta campesina, se detuvo frente a ella y la invitó a ponerse de pie. Hizo que el joven emperador se acercara y le dijo : «Aquí termina tu hilo», pero al escuchar esto el emperador enfureció, creyendo que era una burla de la bruja, empujó a la campesina que aún llevaba a su pequeña bebé en brazos y la hizo caer, haciendo que la bebé se hiciera una gran herida en la frente, ordenó a sus guardias que detuvieran a la bruja y le cortaran la cabeza. Muchos años después, llegó el momento en que este emperador debía casarse y su corte le recomendó que lo mejor era que desposara a la hija de un general muy poderoso. Aceptó y llegó el día de la boda. Y en el momento de ver por primera vez la cara de su esposa, la cual entró al templo con un hermoso vestido y un velo que la cubría totalmente… Al levantárselo, vio que ese hermoso rostro tenía una cicatriz muy peculiar en la frente.

No creo mucho en las historias de destinos y demás, pero sí pienso que hay personas que tienen que pasar por tu vida de una forma u otra y que eso, por muchas vueltas que des,  no puedes evitarlo. Tal vez parezca un poco determinista con esto, pero es lo que pienso después de deambular por este mundo ya una buena temporada. Supongo que cuatro décadas ya pueden darme una perspectiva un poco mejorada y he entendido que, aunque intentes forzar mucho algo, si no es el momento adecuado nunca sucederá o que, a pesar de lo mucho que intentes evitarlo, hay cosas que suceden porque tienen que suceder y no hay nada que hacer al respecto (Aquí debería insertar esa maravillosa frase de mi amiga Eva: “Todo sucede por algo”, pero como tiene el copyright lo voy a dejar estar).

Vuelvo a la idea, este hilo que te une a ciertas personas, a veces está muy tenso, porque estás muy lejos y, otras veces simplemente el inicio y el fin se tocan, cerrando una especie de círculo perfecto, de forma que no sepas donde acaba uno o empieza el otro. Ese sería el estado ideal del que muchas veces se habla cuando se dice que dos personas son “como uno”. Y no estoy hablando sólo de la idea romántica que puede suponerse implícita a la historia en sí, sino a que hay personas unidas a ti para siempre y que, tenses o sueltes ese hilo, siempre notarás una pequeña vibración en él que te las trae a la memoria.

La verdad es que uno de esos hilos creo que me ha traído hasta aquí ahora mismo, es un hilo de un rojo intenso y muy suave al tacto. Me hace sentir bien, hace que mis pesadillas amainen y que el sueño sea algo a lo que acostumbrarse, se vuelve fuerte cuando parece que voy a caer y no me deja hacerlo. No está tirante ni suelto, diría que está justo como tiene que estar.He aprendido que nada puede darse por supuesto en esta vida, sin embargo, el universo ha decidido que este es el sitio que me corresponde en este momento y, por primera vez en mucho tiempo, me siento completa. Siento que estoy donde tengo que estar, no sé por cuánto, pero espero que sea mucho porque la sensación es maravillosa.

 

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