Hay momentos en los que necesitas sacar las palabras de tu cabeza para que la maraña que montan no levante más polvo del necesario. Hay días en los que escribir es una necesidad primordial, casi tanto como respirar, para poder seguir cuerda y equilibrada. Hay segundos, como el presente, en el que necesitas sacar de dentro cosas que, de otra forma, macerarían dentro de ti hasta convertirse en cosas informes y tóxicas que nadie querría llevar en su interior.
En algunos momentos, no soy capaz de entender cómo una situación cotidiana puede convertirse en una tormenta, cómo una palabra se convierte en trueno, un gesto en lluvia torrencial y un silencio en el centro de un huracán. No lo entiendo realmente, piensas que estás construyendo algo importante, algo que realmente merece la pena y, de pronto, te das cuenta de que todos esos actos, esos sentimientos no valen absolutamente nada cuando parece que eres una completa desconocida para los que te rodean. Cómo la gente puede conocerte tan poco como para poner intención en las palabras que salen de tu boca o de tu pensamiento. No lo entiendo. Abres completamente tu corazón a otra persona y ni aún así es suficiente para que te conozca y sepa lo mucho que te importa. ¿Por qué el ser humano se empeña en buscar siempre la parte negativa de las cosas? ¿Tal vez forma parte de nuestra forma de ser? No lo sé, sólo sé que mis palabras hacen daño aún cuando ni lejanamente quieren hacerlo y no sé cómo hacer que no sea así. No sé cómo hacer que esa persona se vea con mis ojos, que sienta lo especial que es y lo importante que es todo lo que hace, desde las cosas más pequeñas a las más grandes, que hace de mi vida, de nuestra vida, el mejor lugar del mundo cada segundo.
Como dije, hay días en los que tan sólo necesitas sacar algo de tu cabeza, plasmarlo en letras y, luego, simplemente hacerlo lo mejor que puedas, porque al final la vida es un suspiro y muchas veces se nos va mientras intentamos tomar aire para poder sentirlo.
Y, como parece que con sentirlo no está suficientemente claro…. Te quiero, eres único y, como yo, lo haces lo mejor que puedes. A veces nos sale y a veces no, pero entre los dos, seguro que el resultado es mucho mejor.

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