Cinco años después…

A veces es muy curioso releer cosas que has escrito o cosas que han escrito de tí después de mucho tiempo. Me pasó hace poco con la entrevista que me habían hecho para un proyecto común bloggero hace casi cinco años, releyendo lo que había contestado, me he dado cuenta de que si me hiciesen hoy la misma entrevista probablemente daría casi las mismas respuestas… cinco años después. (podéis leerla aquí) Sigue leyendo

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Harryhausen, el mago que llenó nuestros sueños

Si pienso detenidamente en las dos personas que más admiro en el mundo del celuloide, sin duda elegiría a Georges Méliès y Ray Harryhausen. Ambos, probablemente por la misma razón, ya que de no ser por su ingenio y por su buen hacer, probablemente el cine hoy no sería lo que es y tantas películas que me gustan, probablemente nunca se habrían grabado. Sigue leyendo

75 años de Superman

75 años son muchos, sobre todo para un superhéroe. Mantenerse todavía vivo y como uno de los iconos más grandes del mundo del cómic, todavía más y esto os lo dice una aficionada al cómic que no es precisamente una fan acérrima del personaje, pero tengo que reconocerle la notoriedad que tiene y el que se haya mantenido vivo y en forma tantos años. Sigue leyendo

Flashmob de Los Miserables

Como estos días están siendo un poco raros, para animarme, os voy a dejar algo que me ha ido fascinando desde que fui a ver Los Miserables. Resulta que desde ese momento no hago más que encontrarme Flash Mobs sobre todo de una de las canciones que más me gusta del músical y, por extensión, de la película (aunque tengo que reconocer que la buena de Anne me puso los pelos de punta totalmente). Sigue leyendo

El primer film en 3D de la historia del cine

Ahora que está tan de moda esto del 3D, tanto que todo el mundo parece loco con esta nueva tecnología, comprando televisiones enormes para minúsculos salones sólo por tener la sensación de que forman parte de la película cuando ésta sale virtualmente de la pantalla y parece que te va a engullir entre sus imágenes. Supongo que al estar de moda mucha gente pensará que es un invento relativamente reciente, sin embargo no es así, lo cierto es que estos días está de aniversario el primer film que se estrenó con una tecnología similar a la empleada hoy en día para el 3D. El director que se atrevió por primera vez a utilizar este fue Arch Oboler en su película de 1952, Bwana Devil… hace más de 60 años!!!

Yo, personalmente, no soy muy partidaria de este tipo de cine. Bueno, esto es un eufemismo, la verdad es que no me gusta nada de nada. No acabo de acostumbrarme a tener que ver la película con unas gafas y tratando de esquivar cosas que se supone que vienen sobre mí que en realidad no existen. Pero reconozco que es un logro para el cine, así que aquí os dejo el trailer de aquella primera película que ahora parece como de otra época.

Y si a alguno le interesa especialmente el tema, en este minidocumental de dos partes, cuenta un poco la esencia del 3D y sus principios. Está en inglés, eso sí.

 

Un día más…

Hace casi un mes que no escribo, esto no es normal, pero la verdad es que creo que estoy tan sobrecargada que hay veces que abro mi libretita de ideas y no sé ni cómo empezar. Y, además, creo que mi cuerpo ha empezado a rebelarse contra mí, me ha puesto delante un cartel enorme de… “Tía, como no frenes, esto es en lo que vamos a acabar”, que me ha hecho replantearme un poco mi constate carrera por el tiempo, así que ahora intento tomármelo todo con un poco más de calma y obligarme a dormir un poco más sí o sí.

De todas formas, voy retomando cosas, completando ideas y retomando cosas que me gustaba hacer, cosas como escribir. Las palabras me han acompañado desde que recuerdo y escribir siempre es algo que me ha hecho sentir mejor en todo momento, por eso no quiero perderlo por mucho tiempo que pase. Así que, como un día cualquiera, me siento delante de la pantalla y tecleo un poco, intentando que los dedos vayan tejiendo la historia y acompañen las horas en las que repaso un poco lo que el universo va poniendo en mi camino. Lo cierto es que este último año ha sido un año de cambios muy radicales, de cosas que he tenido que superar poco a poco, pero con la vista puesta hacia delante, con dolor, con dificultad, pero siempre pensando en que si era capaz de seguir el siguiente día todo iría mejor. Y ciertamente es así, creo que la mejor manera de ir poniendo las cosas en su sitio siempre es pensando simplemente en que sólo tienes que conseguir seguir adelante un día más. Del mismo modo que cuando te sientes feliz, sólo hemos de preocuparnos por disfrutar de ese día, de ese momento, porque nunca sabemos cuándo puede acabarse, o cuando el universo puede decidir que es el momento de darnos un giro y poner a prueba esa capacidad de adaptación que tanto caracteriza al ser humano.

Creo realmente que las personas que se preocupan tanto de lo que pueda pasar en su futuro y que son sólo capaces de ir, como la lechera, haciendo cábalas de lo que puede pasar la semana siguiente, el mes siguiente… se pierden un montón de cosas buenas que tienen justo delante de sus manos, con distancia suficiente para agarrarlas y disfrutar de ellas. No digo que no sea importante pensar en lo que sucederá después, todos tenemos que tener presente que todo lo que hacemos tiene una repercusión, no sólo en nuestra vida, sino en la vida de los que nos rodean. Es importante pensar siempre en eso cuando tomamos cada una de nuestras decisiones, pero no creo que poniendo el final antes de dar siquiera el primer paso nos ayude en el camino, porque precisamente ese final vendrá determinado por todos los pasos intermedios que demos.

Así que, simplemente, voy a seguir un día más, dando gracias por lo que el universo va poniendo en mi camino, disfrutando de cada momento y solucionando los problemas conforme van surgiendo y dando forma a eso que llaman mañana, pero sabiendo que todos y cada uno de los mañanas, cuando lleguen sólo serán un día más…

El aire en que no estás

Últimamente, con ciertos planteamientos vitales que me he hecho me acuerdo mucho de mi padre, después de las fiestas siempre especialmente. Creo que para nosotras nunca serán lo mismo, porque siempre tendremos el recuerdo de haberlas pasado en un hospital con un hombre que sabía que se iba y nos quería hacer creer que se quedaba. Siempre he admirado esa fuerza en él, como siempre me han asombrado sus otras debilidades en convivencia con ella, pero si algo recuerdo de mi padre, es que era un hombre fuerte. No una fuerza física y palpable, sino ese tipo de fuerza interior que te arrastraba a todas partes, era como un torbellino a veces, sobre todo con los niños. Disfrutaba tanto jugando con nosotros…

Hoy que llueve tanto y sin embargo mis recuerdos son de sol, de playa y de mar, mucho mar. Porque el mar siempre me traer recuerdos de sabor salado y de risas, con mis primos, mis tíos, mi madre, mi hermana y, sobre todo, con mi padre.  Echo tanto de menos el aprovecharme de sus vivencias ahora, estoy segura de que envejeciendo, tendría muchas cosas que contarme, muchos consejos que darme y un poco de esa fuerza que prestarme para cuando parece que el espíritu quiere flaquearme. Para cuando, en momentos como ahora, parece difícil todo y hay tantas decisiones que tomar, para que me prestase ese empuje en cada momento en el que todo me parece enorme y yo muy pequeña.

Porque, ¿sabes padre?, a veces es difícil respirar el aire en que no estás…

Cabeza o corazón?

Creo que ese es uno de los problemas fundamentales en ciertos momentos de nuestra vida. ¿Le hago caso a lo que me dicta la razón o me dejo llevar por los impulsos del corazón? La verdad es que es una lucha constante, supongo que para todos es lo mismo. Cada decisión conlleva una batalla interna que se resuelve cuando uno de los dos gana. Incluso cuando eres consciente de que el que ha ganado no debería haberlo hecho, ya estás tomando ese camino sin apenas haberte dado cuenta.  Y en este punto, es en el que piensas una y otra vez, sobre todo cuando decides con el corazón, ¿acaso el sentido común no te hizo suficientemente responsable como para decidir otra cosa? O cuando lo haces con la cabeza, ¿acaso no pudo más la fuerza del impulso interior?

No sé cuál de los caminos es más acertado, creo que ninguno lo sabemos, pero a veces me paro a pensar, a veces, en noches como esta voy analizando todas las cosas que me han traído a este punto del camino. A veces me gustan las decisiones que he tomado y a veces no, pero me doy cuenta de que casi todas las veces he tenido precisamente esa lucha. Y la he visto reflejada en tanta gente… en tantas ocasiones… Sobre todo en el caso de amigas, que no sé por qué tienen la extraña convicción de que las cosas que les pasan tienen que ver con ellas y no con lo que las rodea, creen que no merecen amor, no merecen la felicidad, no merecen una oportunidad, como si todo fuera porque ellas no valen lo suficiente. También lo he visto en algunos amigos, pero sobre todo en las chicas y no sé si tiene que ver con este tema de las decisiones que hablaba antes. Las chicas casi siempre nos dejamos llevar por el corazón, cuando tienes que usar la cabeza supone un esfuerzo enorme, porque normalmente nos dejamos llevar por los sentimientos y eso muchas veces nos hace sufrir el doble, así que poner la barrera y pensar en lo que es “bueno” o “correcto” o simplemente en lo que es mejor, desde un punto de vista cerebral es bastante difícil a veces. Me imagino que eso es lo que hace complicada la vida, pero supongo que también es una forma de aprendizaje que nos acompaña a lo largo del camino. Como digo siempre, lo importante es hacerse responsable del camino que vamos siguiendo.

Pero ¿qué pensáis? ¿quién creéis que gana más veces, la cabeza o el corazón?